4.1
El sonido de las campanas los días anteriores a las festividades
eran los sonidos más felices que Josephine podía escuchar desde que era niña,
eran los días con más gente y sonidos alrededor de los bosques en todas sus
casas y plazas, había días de felicidad infinita. Los niños salían a jugar en las grandes
plazuelas del lugar, mientras que las niñas podían aspirar el olor de las
flores frescas que decoraban sus peinados. Todo el pueblo parecía feliz, todos
cantaban y danzaban al ritmo feliz de sus instrumentos.
Mujeres y
hombres y niños parecían estar en
sintonía los unos con los otros, eran días llenos de magia, eran los días más fríos
del año y aun así en casi todos lados se festejaban y bailaba.
Menos en las casas de los dioses, los templos, palacios
y jardines sagrados que eran rodeados por los bosques donde habitaba la gente
de los pueblos aquel era el espacio prohibido que ninguno de ellos debía
cruzar, aquella barrera de árboles que impedía que los unos con los otros se
mezclaran, era la misma barrera que Josephine recorría dentro de los límites
del palacio, a veces Josephine recorría a lo largo y ancho por horas pero esa
era su caminata favorita del año.
Había comenzado desde muy temprano en la mañana, justo
el tiempo necesario para despertar antes que todos los dioses, asi y echar un
vistazo al inicio de las festividades.
4.2
Era increíble
ver los cambios que esas personas podían lograr con tan pocas provisiones y
herramientas, las calles estaban adornadas de listones de hermosos colores, los
puestos llenos de flores esperando a ser regaladas aquel año eran
espectaculares, el agua caliente de muchas poncheras desprendía fragancias de
diferentes capullos secos. Roselle podía oler y recordar todo aquel dia con los
olores, a veces para los días de muerto una flor de cempasúchil, para el
invierno el olor de las poncheras, la celebración de invierno siempre significo
olor a ponche en el aire, a diferencia de la gente rica que olian a pino
Roselle jamas habia tenido un árbol en su hogar, ni siquiera uno artificial
eran demasiado caros para su familia y usualmente solian tener suéteres nuevos
en esas épocas, la única cosa nueva que les regalaría su madre.
Roselle creyo haber visto algo entre los matorrales de
aquella casa imponente entre los matorrales habia una pequeña niña del otro
lado, por supuesto no vestia igual que ella, la niña con un vestido largo y amarillo
parecía totalmente comoda y limpia, tenia una piel tan clara como las
palomitas, pero no estaba igual de sucia que la de Roselle que llevaba días sin
agua caliente en casa. Debia ser una princesa pensó Roselle como aquellas
princesas de la televisión del puesto de DVDs piratas, era una niña hermosa,
era una princesa igual que en las películas su vestido brillaba y su cabello
estaba bien arreglado, la niña incluso tenia un gorro en la capucha que cubria
el vestido como la de su princesa favorita.
Para Josephine que se encontrada del otro lado de la
alambrada, no era interesante mirar a la pequeña niña indigente que se paraba
al lado de ella sin dejar de mirarla, Josephine veía a toda esa gente como un
todo, como una pobreza que de alguna manera cambiaba su aspecto cada ciertas
temporadas, no odiaba a esa gente pues no concebia el odio, pero sabia que sus
padres no permitían que esas personas entraran en el palacio. Eran para
resumir, un misterio completo lo que cada año hacian estas personas, que a
veces apenas consegian para comer, que lograran tanto explendor en sus calles.
Ahhhh maldito dolor de cabeza no se me quito, y eso de que el baño me quede al otro lado de la casa no esta padre.
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