viernes, 21 de marzo de 2014

Pein

4.1

El sonido de las campanas los días anteriores a las festividades eran los sonidos más felices que Josephine podía escuchar desde que era niña, eran los días con más gente y sonidos alrededor de los bosques en todas sus casas y plazas, había días de felicidad infinita.  Los niños salían a jugar en las grandes plazuelas del lugar, mientras que las niñas podían aspirar el olor de las flores frescas que decoraban sus peinados. Todo el pueblo parecía feliz, todos cantaban y danzaban al ritmo feliz de sus instrumentos.
 Mujeres y hombres y  niños parecían estar en sintonía los unos con los otros, eran días llenos de magia, eran los días más fríos del año y aun así en casi todos lados se festejaban y bailaba.
Menos en las casas de los dioses, los templos, palacios y jardines sagrados que eran rodeados por los bosques donde habitaba la gente de los pueblos aquel era el espacio prohibido que ninguno de ellos debía cruzar, aquella barrera de árboles que impedía que los unos con los otros se mezclaran, era la misma barrera que Josephine recorría dentro de los límites del palacio, a veces Josephine recorría a lo largo y ancho por horas pero esa era su caminata favorita del año.




Había comenzado desde muy temprano en la mañana, justo el tiempo necesario para despertar antes que todos los dioses, asi y echar un vistazo al inicio de las festividades.
4.2
 Era increíble ver los cambios que esas personas podían lograr con tan pocas provisiones y herramientas, las calles estaban adornadas de listones de hermosos colores, los puestos llenos de flores esperando a ser regaladas aquel año eran espectaculares, el agua caliente de muchas poncheras desprendía fragancias de diferentes capullos secos. Roselle podía oler y recordar todo aquel dia con los olores, a veces para los días de muerto una flor de cempasúchil, para el invierno el olor de las poncheras, la celebración de invierno siempre significo olor a ponche en el aire, a diferencia de la gente rica que olian a pino Roselle jamas habia tenido un árbol en su hogar, ni siquiera uno artificial eran demasiado caros para su familia y usualmente solian tener suéteres nuevos en esas épocas, la única cosa nueva que les regalaría su madre.

Roselle creyo haber visto algo entre los matorrales de aquella casa imponente entre los matorrales habia una pequeña niña del otro lado, por supuesto no vestia igual que ella, la niña con un vestido largo y amarillo parecía totalmente comoda y limpia, tenia una piel tan clara como las palomitas, pero no estaba igual de sucia que la de Roselle que llevaba días sin agua caliente en casa. Debia ser una princesa pensó Roselle como aquellas princesas de la televisión del puesto de DVDs piratas, era una niña hermosa, era una princesa igual que en las películas su vestido brillaba y su cabello estaba bien arreglado, la niña incluso tenia un gorro en la capucha que cubria el vestido como la de su princesa favorita.


Para Josephine que se encontrada del otro lado de la alambrada, no era interesante mirar a la pequeña niña indigente que se paraba al lado de ella sin dejar de mirarla, Josephine veía a toda esa gente como un todo, como una pobreza que de alguna manera cambiaba su aspecto cada ciertas temporadas, no odiaba a esa gente pues no concebia el odio, pero sabia que sus padres no permitían que esas personas entraran en el palacio. Eran para resumir, un misterio completo lo que cada año hacian estas personas, que a veces apenas consegian para comer, que lograran tanto explendor en sus calles.


Ahhhh maldito dolor de cabeza no se me quito, y eso de que el baño me quede al otro lado de la casa no esta padre.

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